miércoles, 7 de octubre de 2026

Kaczynski, Unabomber: el lado oscuro de los psicólogos que hay que recodar

 




Unabomber, película que se encuentra en la plataforma Netflix, parecía otra vez el repaso de la historia acerca del terrorista Kaczynski. Pero estuvo más cerca de hacer el relato de un episodio que no se puede dejar de lado en la historia de la psicología. Hemos oído a lo largo del tiempo que toda experimentación con humanos, so pretexto de la salud, han sido prácticas cruentas cuyos resultados no han dejado más que heridas en la humanidad. La medicina está cargando con esa cruz, mientras la psiquiatría hasta el día de hoy sigue experimentando.

               Ted Kaczynski parecía un niño superdotado hasta que llegó a las garras del poco recordado Henry Murray, a quien se le debe la autoría del famoso test de apercepción temática (T.A.T.).  Murray debe ser estudiado en las universidades junto a los otros teóricos de la psicología, aunque ya sabemos la lamentable situación de la universidad ecuatoriana, que a duras penas un profesor te manda a leer su libro de referencia “El mundo de Sofía”. Sin querer arremeter demasiado contra los colegas, el problema es la Academia que contrata a elementos obedientes antes que pensantes, ¿Así como Murray en Harvard?

               Este escrito es para barajar la idea de que uno de los terroristas y asesinos más indescifrables del Siglo XX, surgió de una de las prácticas más nefastas que dejó la psicología y de la cual, poco se habla o en su defecto, se calla. Por ignorancia, principalmente, por desinterés y por negligencia intelectual. Un experimento psicológico a la altura de la prisión de Standford.  Más allá de las dimensiones éticas que implica hablar de objetividad, medición, experimentación psicológica con seres humanos, también debemos incluir las consecuencias de ello y que en el caso de Murray, la historia olvida un poco.  Hecho que al día de hoy produzca un sinnúmero de psicólogos nóveles y encandilados con las ciencias duras pensando no solo en su efectividad, sino en su necesidad para llevarlo incluso a sus prácticas clínicas o manejarlas como un discurso que embala sus títulos.

               A Murray le apasionaba la obra de Melville, Moby Dick, lo que le llevó a escribir In Nomine Diaboli (“En Nombre del Diablo”). En donde hace una interpretación de la obra desde la erudición y el conocimiento biográfico de Melville.  Lo interesante es que en uno de sus párrafos dice que “…hoy en día, dar la propia opinión profesional sin desacreditar a algún colega, es difícil” (p.436).  Quizá lo más cierto dicho allí, con lo cual, ahora estamos rompiendo.

               La teoría de la personalidad de Murray lleva por nombre “Teoría Personológica”, centrada en el individuo y subrayando constantemente la condición orgánica de la conducta y del campo donde se desenvuelve, es decir, los determinantes ambientales. Estuvo cercano al psicoanálisis freudiano al tomar en consideración la historia infantil del sujeto, para comprender la conducta en el adulto. Asimismo, sostenía que existe una motivación inconsciente que determinaba la vida psíquica del individuo.

               Murray era principalmente un biólogo que había obtenido el bachelor en historia, lo que determinó posteriormente la línea de su pensamiento, sus prácticas y la lógica con que pudiera conjeturar el psiquismo humano. No es sino al estar en contacto con la obra de Jung, “Tipos psicológicos” precisamente, lo que hizo interesarse por la psicología.  Visitó personalmente al mismo Jung, quien invalidó de manera inmediata todos los constructos hasta ese momento llamados “científicos”, y que como la historia dicta, metodologías y bases epistemológicas inaplicables a los seres humanos. A partir de allí Murray se interesó por un psicoanálisis y por la psicología profunda, para regresar a su país a enseñar psicología prácticamente sin preparación en la materia.

               Murray pasó a ser parte de la Sociedad Psicoanalítica de Boston y desde allí, trató de llevar al empirismo los aportes de Freud.  Aunque podamos adscribir a Murray en una corriente humanista-optimista, la experimentación con seres humanos en su denominado “laboratorio de psicología” dice lo contrario; lo equivalente a realizar roll-playings al día de hoy en las carreras de psicología, vistas a través de cámaras de Gesell.

               Estos eventos históricos con los que se construyen teoría, son de suma importancia recordar justamente para no repetirlos a la par de la aparición de nuevos métodos científicos en psicología, que apuntan a ser similares que el pasado.  Hablamos de ética, eficacia y consecuencias de ciertas prácticas.  También de la adherencia a las teorías que dejan su ética en la opacidad para no ser criticadas. Por otra parte, al servicio de quien estaría la salud mental, la investigación denominada científica en psicología y junto a su práctica clínica también llamada “científica”.

La experimentación de Murray, no solo con Kaczynski sino con otros objetos humanos para la investigación, estaba al servicio de la CIA. El diablo no sabe para quien trabaja, pero este autor sí lo sabía y aunque hayamos podido observar en el filme, se ejecutó un experimento psicológico sobre un individuo prodigio sin ningún tipo de escrúpulo, ética y con engaño, con quien hasta el final se trató de acabar subjetivamente.

               Esto nos debe recordar entonces cuáles deben ser las bases epistemológicas con que opera cada teoría.  Es decir, dónde se asientan sus constructos y con qué prácticas, porque eso sería el ente rector del ejercicio clínico de cada cual.  Lo que me lleva a escribir como conclusión: que es ineficaz tener en consideración a las ciencias de la biología como variable para entender al psiquismo, porque sus métodos de comprensión no dejan de ser el empirismo, lo objetivable, la materia o la sustancia, que además estaría pensada sobre su susceptibilidad al medio ambiente. ¿Las consecuencias? bueno, entre otras muchas negligencias, un Kaczynski.

 

Carlos Silva Koppel

Psicoanalista