martes, 3 de diciembre de 2024

Desencuentro con la política: Reflexiones sobre las dinámicas del poder y las revoluciones

 

En este tema del desencuentro con la política, o del desinterés por la política tal como la conocemos, emerge una pregunta clave: ¿cómo explorar nuevas formas de ser ciudadanos políticos sin contribuir a la destrucción del tejido urbano y social? Al hablar de desencuentro con la política, no me refiero a un abandono total, sino a un replanteamiento de cómo nos vinculamos con ella.

Un aspecto relevante es el aparente desinterés que se observa entre los jóvenes. ¿Cuál podría ser la razón de este desapego hacia la política actual? Es posible que muchos de ellos rechacen la violencia como medio de expresión, pues no todos están dispuestos a salir a las calles a destruir bajo el pretexto de reclamar derechos.  Estas cuestiones merecen un análisis más profundo y un debate abierto.  Las ideas que planteo hoy son debatibles, y entiendo que las posturas contrarias pueden ser muchas.  Sin embargo, este es solo el comienzo de una discusión que espero sea enriquecida por los aportes de los lectores.

Invito a quienes deseen participar a compartir sus comentarios o contactarme en mis redes, para establecer un debate más amplio.  Dicho esto, procederé a plantear el presente texto, basado en los sucesos ocurridos tanto en Chile como en Ecuador durante octubre de 2019.  Estos eventos dejaron en evidencia la legitimación de categorías políticas como las desarrolladas por Niklas Luhmann, y serán el eje central de mi análisis.

En este trabajo, busco demostrar cómo los estallidos sociales no solo reflejan el descontento ciudadano, sino también el desconocimiento colectivo acerca de los mecanismos políticos y los acuerdos que se gestan tras bastidores.  Tomemos como ejemplo los arreglos entre grupos de poder y gobiernos del llamado Socialismo del siglo XXI, entre ellos, el de Ecuador.  Estos procesos, a menudo marcados por la corrupción endémica de nuestra región desde la época colonial, no han sido superados siquiera por los regímenes democráticos actuales.

Ante esta realidad, los ciudadanos enfrentan una encrucijada.  Si bien la violencia ha sido históricamente el camino menos indicado, no podemos ignorar que ciertas legislaciones y derechos se han alcanzado después de trágicos episodios con cientos de muertos.  Sin embargo, este contexto nos invita a reflexionar sobre la necesidad de evitar actos bárbaros como los vividos durante la Revolución Francesa.

Una de las hipótesis que planteo es que en nuestras sociedades prevalece una apología al egoísmo o al egocentrismo.  Todos los ciudadanos nos vemos reflejados en la búsqueda de un "salvador" que prometa resolver todos nuestros problemas.  Este fenómeno es particularmente interesante en países como los nuestros, donde las elecciones tienden a centrarse en figuras caudillistas.

En contraste, en naciones bajo el régimen del estado de bienestar, existe una estructura administrativa sólida.  Allí, quien llega al poder no es un "salvador", sino un gestor encargado de cumplir con un trabajo específico.  En esos contextos, se busca al más preparado o la más preparada para liderar, mientras que aquí seguimos atrapados en la búsqueda del "Uno", del líder que encarna nuestras esperanzas y frustraciones colectivas.

 

Política y la Realidad Tras Bastidores

El fenómeno de las negociaciones tras bastidores siempre ha sido parte inherente de la política. Es una idea muy popular, aunque no me desenvuelvo profundamente en las discusiones teóricas sobre la política o lo político.  Sin embargo, revisando a algunos filósofos políticos contemporáneos y siguiendo debates en redes sociales, puedo afirmar que existe un consenso: siempre habrá algo que sucede "tras cámaras".  Esta dinámica, que ya se identificaba desde Maquiavelo, sigue vigente.

Ahora bien, el problema surge cuando lo que ocurre tras bastidores es ilegal, y esto generalmente permanece invisible para los ciudadanos.  Es el caso del tráfico de drogas, la trata de personas o los asesinatos encubiertos.  Estos hechos, aunque duros, merecen ser señalados, ya que representan un abismo entre lo que creemos conocer de la política y lo que realmente ocurre.

Quisiera introducir aquí una parte de la bibliografía que sustenta mi análisis.  Para comenzar, me referiré a un poema en prosa del siglo XVII: "El Paraíso Perdido", de John Milton.  Este texto ofrece una metáfora poderosa sobre el poder y la rebelión, elementos centrales en cualquier reflexión política.

Además, mi enfoque se nutre de obras como La Historia Olvidada del Liberalismo de Elena Rose, textos de Edmund Burke, La Democracia en América de Alexis de Tocqueville y El Antiguo Régimen y la Revolución.  Estas obras plantean perspectivas fundamentales sobre la relación entre los ciudadanos y las estructuras políticas.

Permítanme citarles un fragmento del poema de Milton para ilustrar mi planteamiento:

"Confiando al Altísimo igualarse, si con él se enfrentaba, y ambiciosa contra el trono de Dios y monarquía, levantó la India guerra de los cielos; la altiva ira con varios esfuerzos a Satán el poder omnipotente arrojó de cabeza envuelto en llamas, en horrorosa combustión y ruina, de la mansión etérea a la insondable perdición..."

Este pasaje describe cómo Satanás, desafiando la autoridad divina, desata una revolución en el cielo.  No pretendo situar a Satanás como símbolo de conocimiento o sabiduría, pero su figura representa una certeza rígida y absoluta.  Esta certeza cierra la puerta a la duda y a la exploración de otras vías posibles para la mejora, lo que conduce inevitablemente a su caída y a la creación de un nuevo régimen: el infierno.

La narrativa de Milton nos permite establecer analogías con los sistemas de gobierno.  En este caso, el cielo se presenta como una monarquía que enfrenta la ambición y el desafío de Satanás.  Este evento inaugura un nuevo régimen basado en el egoísmo y la certeza absoluta, elementos que también se encuentran en momentos históricos como la Revolución Francesa.

El texto político de Edmund Burke sobre este acontecimiento destaca cómo la idea misma de crear un nuevo gobierno puede llenarnos de discursos y horrores.  Esta reflexión nos invita a cuestionar no solo las formas tradicionales de poder, sino también las certezas que acompañan a quienes intentan sustituirlas.

 

Reflexiones Sobre Octubre de 2019 en Ecuador

En Ecuador, aún resuena el impacto de esos días de paralización, viajes interrumpidos y manifestaciones.  Es importante destacar que no todas las protestas fueron violentas; muchas fueron pacíficas y contaron con la simpatía de otros ciudadanos.  Sin embargo, en medio de esas movilizaciones surgieron estructuras de poder complejas, una circulación desbordante de información, y, entre todo esto, el fenómeno de las fake news.

Este panorama plantea preguntas fundamentales: ¿Fue aquello una revolución? ¿Representó una forma de actuar político o simplemente una expresión política a través de la ilegalidad? ¿Qué ocurrió tras bastidores? Es evidente que detrás de los hechos hubo elementos que se planearon en las sombras, y es necesario reflexionar sobre ello.

 

La Violencia Como Herramienta Política

Hoy, en pleno siglo XXI, y mirando retrospectivamente al siglo XX, un periodo marcado por millones de muertes debido a conflictos ideológicos y políticos, es alarmante que aún se contemple la violencia como medio para la acción política.  Reflexionar sobre ello en un contexto como el de 2019, cuando se buscaban respuestas a crisis sociales, es crucial para entender qué aprendimos (o no) de nuestra historia reciente.

En este punto, quisiera compartir postulados algunos textos que he estudiado y que resultan útiles para pensar estas problemáticas.  Mi propuesta se basa en una premisa: no es posible construir un nuevo gobierno o una nueva sociedad política basándonos exclusivamente en certezas a priori.

 

 

 

La Experiencia Como Fundamento Político

La sociedad, por naturaleza, está estructurada de forma política.  No obstante, un sistema político exitoso debe construirse a partir de la experiencia y no de certezas absolutas.  Cuando se intenta imponer una idea como una verdad incuestionable, se corre el riesgo de producir un "infierno" político, similar a lo que describe John Milton en El Paraíso Perdido.

Los textos políticos de Burke nos enseñan que no se puede establecer una comunidad democrática desde un punto de partida violento.  Es decir, no se puede fundar un gobierno con principios democráticos si el proceso que le dio origen estuvo impregnado de violencia.  Esta paradoja plantea una pregunta fundamental:

¿Cómo podemos pensar en un sistema democrático estable si su nacimiento estuvo marcado por la revolución y el enfrentamiento?

Lo que necesitamos no es un gobierno que surja de una idea preconcebida y absoluta, sino uno que sea capaz de transformarse y evolucionar a partir de la experiencia.  Solo así podremos evitar repetir los errores de un pasado que ya ha costado demasiadas vidas.

La idea de revolución se conecta inevitablemente con el concepto de propiedad privada. En Ecuador, por ejemplo, solemos asociar la propiedad privada con grandes magnates o empresarios, pero este concepto va mucho más allá.  Puede referirse, simplemente, al pequeño espacio que una persona ha conseguido con esfuerzo para vivir.  Cuando alguien promueve ideas revolucionarias que atentan contra esta propiedad, se convierte en enemigo de aquello que otros han conseguido con sacrificio.

Este principio tiene raíces históricas, como la Revolución de 1688 en Inglaterra, conocida como La Gloriosa.   Fue una revolución incruenta, pero su carácter planificado hace que algunos historiadores duden de que realmente pueda clasificarse como una revolución. Generalmente, asociamos las revoluciones con espontaneidad, con estallidos inesperados de las masas.  Esto nos lleva a cuestionar: ¿Fue espontánea la manifestación de octubre de 2019 en Ecuador?

¿Cuánto tiempo se estuvo planeando? ¿Cuáles fueron los intereses detrás? En un contexto latinoamericano como el nuestro, estas preguntas son esenciales.  Durante aquellos días, se habló incluso de intentos de derrocamiento del gobierno de Lenín Moreno, lo que algunos calificaron como un golpe de Estado encubierto.

 

 

 

 

Alternancia y Poder: Una Lección de la Historia

Un tema recurrente en las discusiones políticas es la alternancia en el poder.  A lo largo de la historia, se ha demostrado que cuando una figura o un régimen se perpetúa, el poder tiende a corromper.  Esta idea, que Maquiavelo ya sugería, también resuena en obras como 1984 de George Orwell.  La alternancia no es solo un acto formal de democracia, sino un mecanismo para evitar la corrupción y el abuso.

En Ecuador, vivimos 10 años de un mismo régimen.  En Bolivia, Evo Morales gobernó durante 14 años.  Aunque los bolivianos votaron nuevamente por el MAS, el acto en sí de regresar al partido refleja una dinámica política distinta, una que merece ser estudiada y entendida. Bolivia, a menudo ignorada en las discusiones internacionales, tiene mucho que enseñar políticamente.

Otro concepto clave en el análisis de las revoluciones es el espíritu de innovación.  Crear un nuevo gobierno, un nuevo sistema político, a menudo parece estar motivado por un impulso egoísta y limitado.  Tras el derrocamiento de un régimen, lo que debería seguir es la construcción de una utopía prometida.  Sin embargo, lo que vemos frecuentemente es lo opuesto: el surgimiento de un nuevo sistema que repite los errores del pasado.

Para profundizar en este punto, tomaré referencias de La Teoría de la Justicia de John Rawls.  Este texto, que discutiremos más adelante, plantea preguntas fundamentales sobre cómo debería estructurarse un sistema político justo y equitativo.

A lo largo de la historia, los ideales revolucionarios prometen un paraíso que parece inalcanzable.  Sin embargo, el camino hacia estos ideales suele plantearse como una dicotomía sin término medio: o es guerra o es revolución.  Esta tensión ha estado presente desde el siglo XVIII y sigue siendo un tema recurrente en textos políticos.

Uno de estos textos es el de Edmund Burke, quien en su análisis de la Revolución Francesa expresó duras críticas hacia lo que él percibía como el carácter de quienes accedían al poder mediante la violencia.  En la página 110 de su obra, describe a estos individuos como:

“Una nación de bárbaros groseros, estúpidos y feroces; a la vez pobres y sórdidos, desprovistos de religión, honor y orgullo, que no poseen nada en el presente ni esperan nada en el porvenir.”

Aunque Burke era un conservador y su perspectiva está marcada por los valores de su época, su observación refleja un temor universal: el riesgo de que el poder obtenido a través de la violencia perpetúe la barbarie en lugar de construir una sociedad más justa.

Elena Rose Milán, en La historia olvidada del liberalismo, menciona cómo muchas revoluciones han sido vistas por los historiadores como procesos que terminan en descarrilamientos.  La Revolución Francesa, por ejemplo, es un caso emblemático de cómo los ideales de libertad, igualdad y fraternidad pueden ser rápidamente sustituidos por regímenes autoritarios o estructuras oligárquicas.

Un ejemplo recurrente en la iconografía de la Revolución Francesa es la famosa pintura de Eugène Delacroix, donde una mujer con el torso descubierto lleva la bandera de Francia.  Sin embargo, esta obra, La libertad guiando al pueblo, no pertenece a la Revolución Francesa, sino a la Revolución de Julio de 1830, que culminó con la instauración de Luis Felipe I como rey.  Este evento dio lugar a una oligarquía y, como señala la crítica marxista, a una apología de la revolución misma como proceso, pero no necesariamente de sus resultados.

Un patrón que se observa en muchos sistemas que se autodenominan socialistas o comunistas es su tendencia a generar oligarquías, alejándose de los ideales de igualdad que inicialmente los sustentaron.  Esto ha sido motivo de debate en redes sociales y foros académicos.

Por ejemplo, algunos afirman que los países nórdicos representan ejemplos de socialismo exitoso.  Sin embargo, esto es incorrecto. Los países nórdicos no son socialistas; su modelo se basa en una economía de mercado combinada con políticas de bienestar social financiadas mediante impuestos progresivos.  Este enfoque contrasta con las propuestas de algunos candidatos ecuatorianos que prometen bajar impuestos indiscriminadamente, sin distinguir entre pequeños empresarios y grandes corporaciones.

La reflexión aquí es clara:

  • El ajuste fiscal debe ser equitativo.
  • No es lo mismo subir impuestos a un pequeño empresario que a una multinacional.
  • Las revoluciones, aunque inspiradas en ideales nobles, a menudo se desvían hacia estructuras que contradicen sus principios originales.

La cuestión fiscal y la redistribución de la riqueza son temas complejos, que incluso los economistas suelen debatir.  El principio básico de que quienes tienen más deben pagar más impuestos es ampliamente aceptado, y que los pequeños y medianos empresarios deberían tener menos carga fiscal.  Sin embargo, en Latinoamérica, a menudo se confunde a la clase media con la burguesía.  Esta distorsión de conceptos influye en las interpretaciones de los procesos revolucionarios.  Por ejemplo, la Revolución de 1830 resultó en una oligarquía y una apología del ego, lo cual es un tema central en el análisis de Elena Rosenblatt en su texto sobre el liberalismo reciente.

A menudo se cree que las revoluciones son inherentemente violentas, pero la realidad es más compleja.  La violencia puede surgir cuando las instituciones del Estado no funcionan, lo que provoca que el pueblo tome la justicia por sus propias manos.  Un claro ejemplo de esto ocurrió en Ecuador hace algunos años, cuando en una pequeña ciudad se mató en público a tres personas tras rumores de un secuestro de una niña.  La ministra de Gobierno envió una patrulla, pero llegó demasiado tarde para evitar el linchamiento.

Cuando fui entrevistado en la radio sobre este suceso, afirmé que "esa es la revolución".  El entrevistador, bastante tonto, sorprendido, no entendió mi punto, ya que estaba convencido de que la revolución debería ser algo organizado y legítimo.  Pero el linchamiento público no es más que la manifestación de una revolución sin instituciones, sin mecanismos de justicia formal, donde la violencia se vuelve un acto de justicia espontánea del pueblo.  Esta es la paradoja: la revolución, en su forma más cruda, puede ser una manifestación de la ausencia del Estado.

Algunos piensan que las revoluciones traen consigo una renovación total, un cambio completo en la estructura social y política.  Sin embargo, la Revolución Francesa, a pesar de ser poderosa y transformadora, no fue un punto de partida desde cero.  Alexis de Tocqueville, en su obra El Antiguo Régimen y la Revolución, señala que:

"Indudablemente, jamás hubo revolución más poderosa, más rápida, más destructiva y más creadora que la Revolución Francesa, pero constituía un error inaudito creer que haya surgido un pueblo francés enteramente nuevo, y que se haya elevado un edificio cuyas bases no existían antes de ella.  La Revolución Francesa ha creado una multitud de cosas accesorias y secundarias, pero no ha hecho más que desarrollar el germen de las cosas principales, pues estas existían antes de ella. Lo que hizo fue reglamentar, coordinar y legalizar los efectos de una gran causa."

Este extracto revela una verdad esencial: las revoluciones no crean todo de la nada; simplemente, destapan y organizan procesos preexistentes.  Lo que la Revolución Francesa logró fue dar forma y estructura a ideas y tensiones que ya estaban latentes en la sociedad.

La Revolución Francesa no fue una causa que surgió de la nada, sino que, como señala Alexis de Tocqueville, "la revolución no fue más que un proceso violento y rápido con cuya ayuda se adaptó el Estado político al Estado social, los hechos a las ideas y las leyes a las costumbres."  Es decir, la revolución no inventó todo desde cero, sino que transformó y dio forma a lo que ya existía, adaptando el sistema a las demandas sociales y políticas.  En Francia, las condiciones de igualdad ya estaban más avanzadas que en otros lugares, pero fue la revolución la que impulsó esas condiciones hacia un desarrollo legal, promoviendo la igualdad y unificando el poder en un solo cuerpo nacional.

La revolución acabó con el sistema feudal, destruyó los fragmentos de la sociedad medieval y consolidó un Estado centralizado más eficiente.  Sin embargo, según Tocqueville, todo lo que la revolución logró "también se habría hecho sin ella", pero de manera más lenta y quizás menos radical.

Cuando se habla de revolución, a menudo se asume que esta trae consigo una nueva forma de libertad.  Sin embargo, Tocqueville nos recuerda que "las instituciones del Estado son la libertad, así como la ciencia son las escuelas".  Este es un concepto fascinante porque nos invita a reflexionar sobre cómo, en lugar de un salto hacia la libertad absoluta, las revoluciones pueden ser un proceso de adaptación y ajuste de las instituciones a las nuevas realidades sociales.

Este es el contraste que se vive cuando el poder es asumido a través de la revolución.  A menudo, las revoluciones no traen certezas claras, sino que son impulsadas por ideas vagas y muchas veces, por ambiciones que no se corresponden con la libertad real.  Esta es la paradoja central: lo que parece ser un camino hacia la libertad, a menudo puede transformarse en una lucha por el poder que limita la verdadera libertad.

En las escuelas no se enseña ciencia, sino ideología, y que las instituciones no siempre garantizan la libertad, un punto crucial para entender el impacto de las revoluciones y los cambios sociales.  Termina reflexionando sobre la política actual, destacando que muchos sistemas políticos hoy en día promueven una "exaltación del yo" y la imagen del individualismo, lo que a menudo es incompatible con un verdadero ejercicio de la política democrática.

El exceso de individualismo puede llevar a la "pérdida del otro", del reconocimiento de la colectividad y sus necesidades.  En este sentido, se hace un llamado a encontrar un balance, donde ni el individualismo extremo ni el colectivismo absoluto sean los motores del sistema político.

Tengo un apunte de varios textos del libro "Teoría de la Justicia" de John Rawls, que he leído por partes.  Es increíble cómo la exaltación de un hombre automáticamente anula los principios de justicia más básicos.

Rawls desarrolla una serie de principios fundamentales para la justicia en su libro, y lo que propondría como conclusión es que debemos pensar en la política desde una perspectiva que busque, por un lado, la justicia y, por el otro, los derechos en el sentido de la igualdad de oportunidades para todos.  No puede haber un principio de justicia básico cuando en un sistema predomina la exaltación de uno solo.  Tampoco puede haber igualdad de oportunidades en esas circunstancias.

No hay compatibilidad entre justicia y la exaltación del "Uno".  En la página 263 del libro Teoría de la Justicia de John Rawls, se presenta la siguiente cita: "La teoría de la justicia supone, además, un límite definido a la fuerza de la motivación social". Esta es la conclusión que les propongo.  Rawls sostiene que los individuos y grupos promueven intereses competitivos, y aunque deseen actuar justamente, no están dispuestos a abandonar sus intereses cuando hay una competencia por llegar al poder.  Es bueno pensar esto para el tema de las elecciones, ya que no todo detrás de este interés por la justicia y la igualdad de oportunidades está vinculado con la verdadera intención de alcanzarlas.

No es necesario insistir en que esta presunción no implica que los hombres sean egoístas en el sentido ordinario de la palabra.  Rawls describe una sociedad donde todos puedan conseguir el máximo bienestar, sin demandas conflictivas, y donde las necesidades de todos aparezcan unidas en una acción armoniosa dentro de un plan común.  Es una sociedad que, en cierto sentido, va más allá de la justicia.  No es necesario que haya una revolución para alcanzar un sistema de bienestar.  Puede hacer falta tiempo, un proceso social, o incluso un fracaso social, pero por ningún lado se ha visto que una revolución produzca la exaltación del ego o del "Uno", un infierno.



Carlos Silva Koppel

Psicoanalista




Referencias Bibliográficas

·         Burke, E. (1790). Textos Políticos.

·         Rosenblatt, E. La historia olvidada del liberalismo reciente.

·         De Lacroix, E. (1830). La Libertad guiando al pueblo [Pintura]. Museo del Louvre.

·         Tocqueville, A. de. (2003). La democracia en América (Trad. Nombre del traductor, si es aplicable). Fondo de Cultura Económica.

·         Rawls, J. (1971). Teoría de la justicia. Fondo de Cultura Económica.

 

viernes, 22 de septiembre de 2023

¿No cuestiones la vida? ¿Vívela?




Con respecto a la frase "no cuestiones la vida, vívela", es interesante considerar el papel del sujeto y su relación al deseo versus esa "vida".  Y es importante cuestionarla a través del análisis de lo que se ha dicho qué es esa "vida".  Es decir, la vida en aquél orden simbólico e imaginario y también imposible.

Es válido el cuestionamiento y explorar los diferentes aspectos de la existencia en busca de resignificar lo que se pensaba qué era la vida que teníamos, a veces, traumática.  Solo así hay transformación.

Entonces el "it is what it is", también tiene una alternativa y esa es: "It is what it is, but let's explore its meaning and implications" (Es lo que es, pero exploremos su significado e implicaciones).  Quizá a veces toca <aceptar>🤔 la realidad tal como es, sin embargo sería mejor profundizar en el significado subyacente y las posibles implicaciones psicológicas y emocionales que existan en esa relación.

 

Carlos Silva Koppel

sábado, 26 de agosto de 2023

Inteligencia Artificial y Educación

 


Existen preocupaciones actuales, como por ejemplo, que la inteligencia artificial suplante a las formas tradicionales de educación.  Pero eso es problema y a la vez resistencia, no solo a la inteligencia artificial, sino a la misma tecnología.  Para todo esto debemos definir qué es la inteligencia artificial que ahora está tan de moda.

Creemos mal que es algo actual, pero surge luego de la Segunda Guerra Mundial a través de Alan Turing.  Aunque la IA por definición no está para suplantar las capacidades humanas, somos todos testigos de que sí es capaz de superarlas.  Insisto que no es algo de ahora, pasó hace mucho tiempo cuando una máquina ganó al campeón mundial de ajedrez de aquél entonces, Garry Kasparov.  No sabemos si hoy una IA es capaz de sobrepasar al reciente campeón total y mejor jugador de la historia del ajedrez, Magnus Carlsen, pero en la recopilación de información de manera simultánea y global, ya ha superado las capacidades de los que estamos aquí leyendo.

La IA escribe poemas, edita fotografías, hace composiciones musicales, pero eso no implica que sea poeta, fotógrafo o músico. Y aunque nosotros la utilizamos todos los días desde nuestros móviles y la innumerable cantidad de aplicaciones que nos dan esta oportunidad, tampoco nos hace artistas.

Para mí el problema principal es la educación en general.  Antropológicamente hablando hemos diseñado un modelo obtuso para transmitir conocimientos, que no necesariamente son para vivir, sino para desarrollarnos en una sociedad que por estructura es carente, deficitaria y desigual.  Por tal motivo, no creo que la IA utilizada en el sistema educativo sea más nocivo que el mismo sistema educativo que ya existe.

Algo que sí me preocuparía y que pueda empeorarse más de lo que está en lo tradicional, es en la ética del ser-para-el-otro.  No pensemos que es un problema ya resuelto, porque si fuera así, no existiera la exclusión y el bullying entre estudiantes; ni se diga de las masacres en los colegios de países del Primer Mundo.

Es posible que la misma IA por prescindir de las emociones, valores religiosos y morales entorpecedores en muchos casos para relacionarse con la diferencia; es posible que las IA puedan ser laicas si se puede decir, y superiores en la aglutinación de la información necesaria para formar ciudadanos del mundo, sujetos políticos y congruentes con la sociedad sin las taras morales que discriminan.  Es posible por lo tanto que la IA pueda dar un mejor mensaje que los que se han dado en la educación tradicional y pues, que no han tenido demasiado éxito.

Pero la IA no responde toda la demanda que pueda hacer el sujeto.  No responde la contradicción, no responde a la paradoja y tampoco responder al porvenir.  No quiere decir que los libros y los maestros de carne y hueso lo hagan, pero por eso mismo, por mostrarse faltantes, quedan esperanzas.  ¿Cuál es el problema de la inteligencia artificial entonces? El ideal de perfección, inalcanzable, por supuesto, pero que se quiere emular.  No es para menos, conecta perfectamente con el modelo de calificación sobre las altas notas que implican ser “sobresaliente” y figurar en el cuadro de honor, para luego ser el empleado del mes una vez acabado su período educativo.  La educación de hoy, con o sin IA, debe terminar con el darwinismo social y la exclusión.

                Si es verdad que existe una individualidad, a la normatividad y homogeneización del sistema educativo nunca le importó, hay que decirlo.  Se ha hablado de “inclusión”, pero por un lado pensemos que surge por el ahorro de hacer escuelas especializadas para atender a la diferencia y a las capacidades especiales, y por el otro, pensemos que la “inclusión” ya es una oferta comercial.

Lo que se enseña hasta el día de hoy es a partir de marcos estandarizados que alguna clase social/académica/eurocentrista o anglosajona y más o menos local, decidió que debe aprenderse.  Soy bastante escéptico que verdaderamente se pueda aprender algo, o sea, estoy criticando al sistema educativo.  Si bien para algo podemos servir quienes somos docentes, es para encauzar a través de generar curiosidad para que existan las preguntas “¿por qué?” y “¿cómo?”, en vez de dar respuestas.  El “¿por qué?” no deja de ser una pregunta filosófica, la que todos los niños sostienen y que comienza a silenciarse desde las casas, para continuar el silenciamiento en las escuelas, colegios y universidades con profesores que no tienen todas las respuestas.

¿Pero saben quién sí tiene todas las respuestas? Google, Chat GPT.  Sin embargo, la IA, y aún la inteligencia (como se dice) de nosotros no ha podido descubrir un mejor método de enseñanza que el socrático.  En las arenas para competir con las máquinas sobre quién sabe más, el profesor tiene todas las de perder y la inteligencia artificial es el nuevo agente que pensamos ostenta el saber.  Ubicarse en una posición de saber puede ser nefasto para el mismo fin que pretende alcanzar la educación.  Me es imposible olvidar cómo en primer grado la maestra me corrigió algo que yo sabía que era correcto.  Por ese motivo creería que mi decepción por el sistema educativo ocurre demasiado temprano.

                No creo que debamos culpar a la IA por la deficiencia en el aprendizaje, hoy cuando nos encontramos con estudiantes de universidad que ni siquiera saben leer ni escribir bien.  Hay otras variables para barajar como la mercantilización de la educación y la no idoneidad en tanto aptitudes de los tiempos actuales.  En donde los alumnos son clientes y los docentes meros obreros al servicio de una empresa educativa cuyo trabajo peligra por la queja del cliente.

                La individualización en el sistema educativo es por lo tanto antitético, porque no se alcanza a ver el caso por caso.  Sin embargo, son las consignas de qué es lo que hay que aprender, por qué y para qué.  Si todo ya existe en la nube, entonces sí, es menester tener en consideración esto que se ha expuesto.  ¿Cuál es la necesidad de conocer tal o cual cosa? Cuando lo idóneo sería saber el método para aprender por sí solos, de manera individual, discriminando sobre información falsa y verdadera.

                El mundo, aún el Primer Mundo, está en espanto porque el Chat GPT va a cambiar por completo el modelo educativo.   Tanto así que en EEUU se lo ha prohibido.  Pero luego de haber pasado por la pandemia, quedó más que claro la obsolescencia del método educativo que se había venido imponiendo por siglos, y que la salida momentánea, no tuvo el éxito para quedarse.

                Finalizadas las restricciones por el Covid, todos desearon volver a lo de antes.  Pero esto va de la mano con los discursos que insisten en retornar al pasado, en que “el pasado era mejor”; y pensemos mejor que modelos filosóficos, psicoanalíticos, psicológicos, sociológicos y científicos, se sostienen por un conservadurismo económico que mueve millones de dólares.

                Hoy en día la información es accesible para todos y el paradigma de “aprender” de la manera decimonónica ha sido superado, pero no tolerado por las instituciones que entregan las credenciales para el conocimiento.  Es así que vemos youtubers, tiktokers y demás influencers hablando de cualquier tema y no de manera demasiado equivocada, sin haber ido a la universidad.  O si lo desean ver de forma más trivial, ganando dinero, sin haber “invertido” en educación.


Carlos Silva Koppel

Psicoanalista

jueves, 27 de julio de 2023

Adiós TCC, ¡Hola Psicología Cuántica!


Cuando crean que el psicoanálisis lacaniano es de locos, esperen que les hable de Psicología Cuántica. Por supuesto, que se encuentra a años luz del viejo paradigma newtoniano que manejan las terapias cognitivas conductuales. De antemano, los psicólogos no debemos ser físicos cuánticos para poder ejercer este paradigma, pero así mismo como hizo Lacan con otras ciencias, podemos usarla de manera aplicativa.  Tampoco debemos ser matemáticos rigurosos, incluso, cuando el mismo Stephen Hawnking haya dicho que le faltó más conocimiento en matemáticas para poder desarrollar mejor sus teorías.

Se necesitan muchas horas de estudio para poder conocer al fin que la realidad no es tal lo que conocemos o como nos han dicho que es.  Desde la cuántica se entiende que la realidad es energía.  De aquí que podemos hablar la “realidad psíquica” de igual manera, no como certezas, logros, fracasos, depresión, ansiedad, sino, como energía y como tal, siguiendo principios de la física, ni se destruye ni se crea, se transforma.

El desconocimiento de la incertidumbre u otros paradigmas, lleva a los psicólogos y psicoanalistas a hacer intervenciones reduccionistas, en el mejor de los casos, cuando sí hay intervenciones.  O en su defecto, a entrar a guerras infértiles con teorías novedosas que se alejan de los modelos objetivistas y organicistas.

¿Qué implica implementar un nuevo modelo de abordaje en el ámbito psi?

Ampliar las posibilidades del paciente

Tener más herramientas para el abordaje


Quizá, en primera instancia, debemos como personas y no como profesionales, entender de manera distinta nuestra propia realidad para poder asumir una postura de estudio, abordaje e investigación en el campo psi.

Recordemos que el modelo de la psicología clínica es un copiado del modelo médico.  Se entiende el padecimiento humano en clave de síntomas y trastornos.  Tal como lo hemos abordado hasta ahora: estrés, depresión, ansiedad, perdón, venganza, ira, tristeza, fobia, etc.  Pero lo propuesto por la cuántica es concebir al ser humano y a su sufrimiento desde leyes no deterministas.  Por ejemplo, concebir todo lo que nos pasa o nuestras decisiones desde la incertidumbre.  Con lo dicho, por lo tanto, no hay mejores decisiones que otras; todos los errores no son demasiado graves; podemos convivir con lo incierto en la medida que lo comprendemos como principio.  Desde esta perspectiva nosotros y nuestra mente somos incertidumbre, el tiempo y el espacio son incertidumbre y todo lo que pasa fuera de nosotros, también lo es.  No es posible controlar, regular, ni lo de dentro o fuera de nuestra mente, a diferencia de lo que plantean las teorías organicistas y fisiológicas de la psicología.  Y no poderlo tener en control, está bien.  No está demás hacer el símil entre incertidumbre con lo que sería su equivalente, el inconsciente.

Vale apuntar desde esta óptica: las causas están perdidas, de cuyos efectos queremos encontrar.  Se vuelve esta máxima un puntapié a todas las corrientes psicológicas o psicoanalíticas que van en busca de las causas para mitigar los efectos, es decir, los síntomas.

En una de las mejores películas que ha dado el cine, Everything Everywhere All at Once, donde claramente se encuentra el punto que queremos demostrar en el presente escrito, es que: al final nada importa, y entonces ¿Qué es lo que sí? A esta pregunta siempre respondo que el amor.


Carlos Silva Koppel

Psicoanalista

lunes, 26 de junio de 2023

La importancia de la retórica desde el análisis de un spot publicitario

 

    


 

    Hace un tiempo a un conocido experto en marketing le hablaba de la retórica y me preguntó "¿Con qué se come eso?".  En países donde sus producciones cinematográficas las geniales, puedo decir que así mismo serán sus publicidades.  Sé que si eres ecuatorianx hablará de la poca inventiva de nuestros comerciales.  Basta con contratar a un famoso de la farándula para hablar de un servicio o producto, no es que no sea válido, es pobre.

    En varias ocasiones he sido invitado a participar como "actor" para spots, pero no pude evitar darme cuenta de la pobreza del guion.  No estoy intentando proponerme como guionista, pero sí como estudioso en el uso del lenguaje.  Muchas veces escuchamos "retórica" como una forma despectiva para referirnos al que no dice nada, pero contrariamente, la retórica es el aparato que sirve para decir todo.  Su proceso creativo, casi teatral, nos hablará de la calidad de la muestra audiovisual.  Se preguntarán, ¿por qué me interesa? La respuesta es: porque me interesa el lenguaje.

    Veamos el siguiente spot para poder recomendarles algo a nuestros amigos que estudian y se dedican al marketing: 

https://www.youtube.com/watch?v=arlXqMg4FO4


Creación

    Aparentemente es muy sencilla pero no es así.  Un día laboral, un día cualquiera.  Implica a todas las personas sin distinción.  Se preocuparon en las personas de a pie, en el tedio del trabajo, en que se puede tomar una pausa y en la decisión de hacerlo.  Pero también es atrevimiento.  Se ve cool a quienes tomaron la decisión y eso será también lo que convoque a los demás.

    Encontramos como acciones secundarias las tareas que estaban realizando todos, las mismas que dejaron de hacer.  Sin embargo, alzar las cejas al son de la música lo vamos a plantear como una acción principal.

    Sobre el eslogan, me parece que es multidinámico. No hay uno en específico.  Lo que aparece al final, “¿te apetece un Mc Donald’s?”, es más bien una invitación.


Sobre su organización

    Es una secuencia que se da en tres escenas: en la primera reciben la tarea y empiezan a caminar; la segunda, se encuentra caminando y dirigiéndose al destino y la final, el retorno a la primera locación, donde encontramos a la empleada que designó la tarea.  Los personajes caminan hacia llegar a un destino que será Mc Donald’s.  Mientras van caminando, sus colegas se unen.

    Existen elementos paralingüísticos, por ejemplo: las cejas levantadas hacen referencia a la “M” de la marca.  En uno de los cameos están escritas en la pizarra las preguntas “¿aburrido?”, “¿hambre?”, “¿cansado?”, “¿distraído?”, “¿con sed?” escritas con un color apagado y al retornar la cámara cambian y de color rojo por “actitud positiva”, “¡idea!”, “despierta”, “relájate”.

    El objetivo es indicar que es una decisión y un acto rebelde tomarse una pausa en un día de trabajo cualquiera y que esa decisión es de personas fuertes y seguras.  Que nada es más importante, ni el trabajo, que esa decisión de ir a Mc Donald´s.


Diálogos

    No hay diálogo, pues no hace falta.  Los elementos elegidos hablan por sí solos ya que están cargados de simbolismos.  Solo se escribe el mensaje “M”.  Hay un mensaje de frescura y de salir de la rutina, gracias a Mc Donald’s.

    Que todos tengamos dos cejas y que al ser levantadas implique un Mc Donald’s, también significa que todos llevamos a Mc Donald’s con nosotros. 


Se mete en nuestra cabeza

    Se intenta evocar a la marca con la “M” inicial.  Sin embargo, no se la escribe a la perfección de manera intencional.  La marca está posicionada, domina al mercado y juega con eso.  El cierre del final da un sentido a todo lo anterior, pero no haría falta.  Si no hubiera habido el logos del fin del spot, igual hubiéramos sabido de qué iba el comercial.  Pero ahora, más que nunca, recordaremos la “M” de Mc Donald’s, porque lo llevamos en nosotros, en nuestra cara, en nuestras cejas.  Es lo que me parece brillante, dado que, en lo actual, esta tipografía significa felicidad (refiriéndome al uso de emojis o caracteres virtuales).

Lectura final

    La estrategia persuasiva va también de la mano con un elemento paralingüístico que quizá no impacte a las nuevas generaciones.  La canción elegida Oh Yeah, es de la película Ferris Bueller's Day Off, en donde el personaje principal (Matthew Broderick) falta a la escuela, engaña a sus padres y pasa por un montón de aventuras por su atrevimiento y rebeldía.

    La propuesta es genial desde su inicio, el que no tiene intención de hacer mención de la marca, porque ya está increíblemente posicionada.  Los mensajes entrelíneas, como el de la pizarra, es potente y es tan rápido, que puede pasar como menaje subliminal.

    Se demuestra empoderamiento, pero en realidad es atrevimiento y decisión, superponiendo esos afectos por sobre la responsabilidad de cumplir con las obligaciones cotidianas.
El spot en su totalidad es convocatoria: te invita a ser rebelde, decidido y finalmente, te invita a Mc Donald’s.

    No puedo dejar de señalar el detalle de los dos obreros al final, vestidos con los colores de la marca. 
La publicidad misma está cargada de detalles casi imperceptibles, lo que hace que cumpla con todas las expectativas retóricas y quizá sea, una obra de arte publicitaria.  Muy bien pensadas, que revoluciona el mundo publicitario porque habla de la marca, sin mencionar: la hamburguesa, las patatas fritas, los helados o las sodas.

    No está la melodía tradicional, no está el restaurante, se juegan otras variables.  Sin dudarlo, se pone por delante de su competencia directa.



Carlos Silva Koppel
Psicoanalista


martes, 13 de junio de 2023

Intelectuales en las redes sociales

 

           Para la exposición pertinente se ha decidido por definir en primera instancia ¿Qué es un intelectual? Es posible que por mucho tiempo estuviéramos engañados pensando cual efecto Mandela, que un intelectual es un señor con pipa que habla cosas en difícil.  Sumado a esto agreguemos que decir “intelectual” va cargado a priori de un género determinado, excluyendo así al género femenino o trans.  Para muestra un botón: Paúl Preciado en representación de lo trans, pero también hallamos a Camille Paglia, entre muchas otras, como representantes de lo intelectual fuera del campo netamente masculino.

Los intelectuales mismos dejarían de ser tal cosa si es que se excluyera por género al intelecto en la medida que dicho nombre se lo ganan por la supuesta amplitud de conocimiento sobre el mundo y las cosas.

Entonces, ¿Qué sería un intelectual? Según Umberto Eco (2020) podemos apuntar qué es un intelectual y qué no es un intelectual:

 

Si por intelectual entendemos únicamente todo aquel que trabaja con la cabeza, y no con sus manos, un empleado de un banco es un intelectual, y Miguel Ángel no.  Hoy, con los ordenadores, cualquiera es un intelectual.  Por eso, no creo que la cuestión tenga nada que ver con profesiones o clases sociales.  Para mí, un intelectual es alguien que produce nuevos conocimientos haciendo uso de su creatividad.  Un campesino, cuando comprende que un nuevo tipo de injerto puede producir una nueva clase de manzanas, está desarrollando una actividad intelectual, mientras un catedrático de Filosofía que se pasa la vida repitiendo una misma clase sobre Heidegger no tiene por qué ser un intelectual.  La creatividad crítica –el espíritu crítico para analizar lo que hacemos o inventar formas mejores de hacerlo– es la única vara para medir la actividad intelectual. (p. 2700)

 

                En esta novedosa definición, Eco (2020) ya se catapulta como intelectual al decir que no es una actividad netamente mental y que cualquiera con dispositivos tecnológicos, pudiera en teoría serlo muy fácilmente.

                Si medimos la acogida de personajes en redes sociales, podemos ver que quienes tienen más followers poseen toda una maquinaria de producción audiovisual, pero sus propuestas no son creaciones novedosas y menos aún, críticas o útiles.  Ni se diga que crucifiquen epistemológicamente el conocimiento anterior para dar un paso más adelante en el saber de lo humano, la vida o el universo.

                Se puede presentar como ejemplo a Jorge Alemán (filósofo y psicoanalista argentino) en su cuenta de Twitter, y tiene 22 mil cuatrocientos seguidores.  Otro ejemplo sería Michel Onfray, importante personalidad de la filosofía en Francia, tiene más de cien mil seguidores. Alguien más pop y difusivo sería el denominado filósofo mexicano Diego Ruzzarin con casi ciento noventa mil seguidores.

                Entre otros que podamos encontrar, son personalidades que se manejan en el mundo de la filosofía pero cumplirían, al menos Onfray y Alemán, el estatuto de intelectuales por proponer la novedad desde una postura crítica.  Sin embargo, el mayor contenido de sus propuestas seguiría siendo sus libros, a lo que podemos contraponer como pensamiento novedoso, es que prescindiríamos de los libros en papel en tanto todo lo que escribimos o subimos en nuestros sitios web, ya constituyen nuestra enseñanza, obra o libros.

                Para seguir con la definición de Eco (2020), tanto en Tik Tok como en Youtube encontramos (como puede haber muchos otros ejemplos similares), La granja del borrego.  Que al menos en Youtube tiene más de 4 millones de suscriptores y en Tik Tok alcanza los once millones y se trata de un adolescente colombiano que empezó a transmitir la vida en el campo desde la pandemia.  En aquél entonces tenía 13 años.  Su forma de comunicación es entretenida así como su producción audiovisual, pero también imparte un mensaje e información nueva y hasta interesante sobre la vida en el campo.

                Llegó la hora de preguntarnos si es que un intelectual en redes sociales es un influencer o no, a lo que decimos: no todo influencer es intelectual, ni todo intelectual es influencer. Pero un intelectual sí puede ser influencer en la medida que conozca cómo difundir su propuesta crítica a lo ya establecido.  Por ese lado se cumpliría el principio de: se piensa en el otro a la hora de transmitir lo que se quiere proponer en detrimento a quienes producen, escriben o siembran para sí mismos.

                ¿Qué tanto que quien produce conocimiento nuevo en redes sociales o en su defecto reflexivo, debe estar abierto a la discusión? Considero que parte de esto que he hablado, de lo intelectual, es apertura a la construcción y aval del conocimiento o saber novedoso.  Es importante desmarcar al intelectual de toda práctica ostracista, dogmática y centrada en el narcisismo, porque de lo contrario no hablamos de un intelectual, sino de tan solo un influencer que suscribe a las demandas del capitalismo sin ningún tipo de crítica o pensamiento novedoso al sistema del cual se sirve.




 

 

 Carlos Silva Koppel

Psicoanalista

 

 

 

 

Referencias Bibliográficas:

 

Belmonte, M., Calvo, J. y López Martín, F. (Trad.). (2020). The Paris Interview, Entrevistas. Barcelona: Acantilado.