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jueves, 11 de agosto de 2016

Pokémon GO y lo imposible de soportar


Muchos migrantes digitales están seducidos a participar de este juego: Pokémon Go.  El que no es posible jugar sin un teléfono móvil de avanzada con un paquete interesante de internet, para poder desplazarse por los diferentes puntos geográficos que exige la plataforma sin importar nada y alcanzar las metas sugeridas.  Un divertimento que atañe a unos y a otros angustia, mientras no estén insertos en la posibilidad de la lógica del gadget costoso.

Existen gustos diversos y entre ellos, hay quienes disfrutan desde mucho antes Pokémon.  Y quizá ahí haya un poco de luz para comprender esta tendencia abrupta por atrapar monstruos virtuales, mientras que los propios monstruos o fantasmas más bien, más reales, andan por ahí aún muy sueltos dentro esas cabezas. 

Pokémon es el padre de series y juegos posterior a su aparición en 1996 en distintos formatos.  Podría asegurar que desde ahí surgen Sakura Card Captors, Digimon, Yu-gi-Oh, entre otros.  Tenemos hoy la gran campaña mediática aprovechada esta vez por plataformas informáticas, sumado a que Pokémon es por decirlo así, parte de la infancia de muchos y que resulta un fenómeno que bien puede entrar en la categoría de epidemia de primer mundo.  Como punto aparte diría que los niños y jóvenes de hoy, se interesarán por poco tiempo en el juego, pero agrego que Pokémon Go es pionero en su tipo.

Puede ser visto como un alivio ir por la calle y escuchar a jóvenes hablando de dónde atrapar a Pikachu y no de dónde conseguir droga. Preferible el triunfo de este capitalismo al de un capitalismo gore.  Por otro lado dirán sutilmente los  llamados especialistas, que siempre este efecto se explica diciendo que se sustituye una droga por otra.  Pero el asunto siempre es más complejo que eso, como en cuestionar por qué el uso de cada droga.

Cuando están con la mirada en el teléfono móvil, ahora a más de que exista la posibilidad que estén en Instagram, Facebook, Twitter, Pinterest o Whatsapp, se añade por el momento este nuevo implemento.  Diferente, claro que sí, a Snake (2000), Candy Crush o Angry Birds; nombrando solo juegos que han tenido casi el mismo impacto y que son exclusivamente para teléfonos móviles, a diferencia de éste y su gran campaña mediática.

Por supuesto que Pokémon Go es mucho menos aburrido que Pokémon Snap, para Nintendo64, el que implicaba viajar en un vehículo sin poder salir de este, con la consigna de fotografiar los poket mosnters.  Esta vez el viaje no es a través de la consola y el televisor, sino que es en "la realidad" como se conoce, por medio de GPS con la misión inicial del imperativo "¡atraparlos ya!".  El hecho de tener que salir de un sitio para ir a la búsqueda, es un segundo paso luego del fracasado intento del Nintendo Wii para paliar el sedentarismo; pero hablamos siempre de un cuerpo abstraído que va por ahí a la buena de dios tecno y de la no muy elaborada sensatez.

Sin embargo este tema está sobre dimensionado en redes sociales y en lo mediático, como sucede con un sinnúmero de discusiones, que no alcanzan mayor trascendencia o puedan entrar en la categoría de acontecimiento.  Para quienes son gamers, es un juego más y no más encantador que cualquier otra aplicación y menos que una red social.

Es tentador ir tras algo que en realidad no está ahí, tal como se formula el deseo en psicoanálisis y la construcción de un objeto que, solamente se puede bordear y que es inasible, sujeto a la vez al hartazgo para dar paso a la búsqueda de un siguiente objeto.  El que camina con sus ojos atados al teléfono móvil, siendo un personaje guiado por un GPS, adopta la idea de que se está en un lugar y que de hecho en cuerpo esté, mas no en ser.  En la búsqueda del objeto perdido (el Pokémon) que está, pero a la vez no, certificando que las masas acostumbran a buscar y creer cosas que no están ahí, pero que ojalá que sí estén.

Capturar en la "realidad aumentada" algo intangible (virtual), es parecido al ideal de querer capturar un pensamiento o una palabra, dicha o no, que desaguan como causa de la dinámica deseo, culpa y goce, con la diferencia que estos se marcan en el cuerpo.  El juego puede reducirse a una muletilla más para poder lidiar con lo insoportable de la existencia o sí un salvoconducto para los olvidados, a los que esconden en las cloacas del mundo.
 
Niños sirios aprovechando fiebre pokémon
para ser rescatados.

Algunos educadores, científicos y me atrevo a decir psicoanalistas, ingenuos quizá, entenderán las subjetividades que se suceden a partir de las nuevas tecnologías, optando por inventarse neo formas de llegar a sus alumnos, corriendo de un lado al otro con la cara pintada de Bullbasaur para que copien la tarea.  Otros más tercos en cambio, querrán utilizar prácticas metodológicas antiguas para lidiar con estas generaciones, incluso llegando a utilizar estrategias anti tecnología.  Eso no está en cuestión, sino preguntarse a qué nos enfrentamos cuando suponemos que son estas nuevas subjetividades las hechizadas por lo banal, cuando las viejas ya lo estaban según su época, dependientes o no de una estructura de mercado, aplanadas por la cultura de forma totalitaria, como lo dijo Freud en 1930.

Desde el psicoanálisis se sabe que el juego alimenta a la pulsión y no necesariamente un juego tiene que formar el carácter, preparar a un niño para la adultez o contribuir al adulto a ignorar su miserable vida.  La subjetividad del sujeto, la verdad, lo imposible de ver frontalmente está ahí aguantado, pero en cualquier momento de vuelta.




Carlos Silva Koppel




domingo, 16 de noviembre de 2014

Crossfit: un antídoto al consumo de drogas

El ser humano es un sistema complejo; un mecanismo inalcanzable para ser comprendido desde las ciencias.  Más que carne es un cuerpo, es decir un sujeto, porque solo psicológicamente hablando se lo puede concebir como un cuerpo.  Si no hay mente, no puede haber entonces lo que llamamos cuerpo.

            Es desde la negación de esta fórmula que lo que se conoce como “enfermedad”, no es aprehensible en su totalidad y lo que se denomina “salud”, es precario, inestable y momentáneo.  ¿A qué dinámicas responden los actos de las personas, cuando sabemos que la mayoría de estas acciones van del lado de la muerte, la violencia, la agresión, la autodestrucción y agresividad? ¿Por qué si en teoría se sabe que no se debe fumar, consumir alcohol, mucho menos drogas, se lucha por adquirirlas y consumirlas? Y no se hable de lo relacionado a afectar a los otros, que aparentemente está implicada una fuerza que empuja a dañar y herir de obra o palabra.  Solamente puede conocerse aquello del ser humano desde la aceptación de la existencia de un inconsciente existente en el aparato psíquico.

            Eros y Tanatos, pulsión de vida y de muerte respectivamente, que para Sigmund Freud –inventor del psicoanálisis- son dos fuerzas que circulan en la psiquis humana, y que sin embargo, no estarían en equilibrio.  Vale decir que la pulsión de muerte correspondería al inconsciente. Por ejemplo: cuando uno está muy “sano”, buscaría enfermarse; cuando se está muy “enfermo”, busca curarse; somos más o menos así.  Sumándole a esto, no es hasta el diagnóstico de cáncer que se deja de fumar, mientras tanto, las imágenes mórbidas de las cajetillas resultan algo divertidas. ¿Lo han notado?

            Se conocen casos excepcionales de personas que logran cosas formidables teniendo algún tipo de “discapacidad”, mientras que quienes estarían “sanos”/ “completos” se esfuerzan por tomar caminos que los matan de a poco.  Como si el principio de vivir estuviera apagado y solo se activara en los casos de pérdida o enfermedad, siendo estos los que después llevan al sujeto a romper sus propios límites físicos y mentales.

            Víctor Hugo Castro de 25 años, es coach de y practicante de Crossfit.  Cuenta que él es una persona que no ve limitaciones en sí y que las limitaciones en general son una cuestión de actitud.  Dice haber tenido muchos altibajos, pero que a lo largo de su experiencia se ha dado cuenta que, todo está en la mente.
Víctor Hugo Castro en competición. 

            El Crossfit, que es una práctica deportiva relativamente nueva a nivel global y con mucha acogida en Guayaquil, tiene como base teórica la exigencia corporal y psicológica, que desubica el imaginario de confort de quien lo practique, y lo lleva desarrollar habilidades físicas y mentales, que técnicamente mejorarían su día a día.  Es un conjunto de disciplinas deportivas en una sola práctica, que bien podría funcionar como metáfora de la vida cotidiana: hay obstáculos y se van venciendo.  Pero también hay otros efectos.
Castro compitiendo.

            En la práctica del Crossfit, se consolidan grupos y comunidades, que funcionan como apoyo a través de la identificación, que a la vez son reforzadores de la personalidad del sujeto.  Al final del día, el Crossfit se vuelve muy agradable, divertido y adictivo.

            ¿Qué más tiene de adictivo el Crossfit?  Aún practicando el Crossfit mesuradamente, tiene un nivel de exigencia alto, que implica una sensación de malestar/bienestar: falta la respiración, los músculos se fatigan momentáneamente, a veces se vomita; sin embargo, aquello por mórbido que parezca, causa satisfacción y genera deseo vehemente de volver a practicarlo.  No hay duda que Eros y Tanatos están ahí.  En Crossfit, Tanatos es engañado, porque los efectos de realizar este ejercicio prudentemente, son de salud.

            Por la misma vía de satisfacción de la pulsión de muerte, se encuentra el consumo de drogas.  El consumo de sustancias psicoactivas es un problema porque atenta contra la integridad del individuo, la familia y la sociedad en general.  Y su consumo está fuera de control a todo nivel, porque no existe una respuesta valiente a la problemática.  La sociedad que consume hoy, es sin duda un efecto de la época y síntoma de la misma cultura, ahí no hay mucha vuelta que dar.  Además que surge como un proceso social, esto quiere decir que no es al azar, ni algo casual; es incluso un fenómeno evolutivo.

            Los efectos de las drogas en general son intensos mientras se consume y en la abstinencia.  Existe aquí también este efecto de bienestar/malestar, pero quien consume estaría fuera del campo de la palabra y fuera de relacionarse con el otro –sanamente-.  La llegada al mundo de las drogas es múltiple, desde un problema familiar, hasta amenazas por no consumir.  Para salir de esta dinámica se necesita de algo fuerte y del deseo de salir.

            En Crossfit se conocen muchas historias y testimonios de personas que han salido de pandillas, alcohol y drogas.  Además que es un ambiente donde constantemente se observa a gente venciéndose a sí misma, saltando sus propias “trabas mentales”, cada una con sus motivos particulares.  No se trata tanto de superación personal, sino de otra forma de conocerse a sí mismo.  El dueño y coach de “Crossfit Urdesa”, Raúl Martillo, cree que el Crossfit bien podría ser una herramienta terapéutica efectiva para salir del mundo de las drogas.  Menciona que conoce casos de personas que ha abandonado el alcohol y el cigarrillo, gracias también a que en estos gimnasios la relación de grupo gira en torno a la salud. 
Raúl Martillo, entrenador y dueño de Crossfit Urdesa, durante
una clase.

            Hoy en día, el Crossfit cuenta con un gran mercado en la ciudad de Guayaquil, además con una cartera de clientes bastante buena.  El principio básico del Crossfit es ejercitarse con cualquier utensilio que se tenga a la mano y que sea de uso cotidiano, con movimientos funcionales del cuerpo, es decir, movimientos que el cuerpo está apto naturalmente para ejecutar (correr, saltar, cargar, empujar, trepar), para mejorar su funcionamiento en la cotidianidad.  Las mensualidades en los gimnasios de Crossfit están alrededor de $50 hasta $100, precios bajos por la oferta, en relación a otros países de la región, donde sobrepasan los $200 el mes.  Pero lo que un gimnasio de Crossfit necesita es muy básico.

            Martillo expresa que para llegar a los grupos vulnerables y de alto riesgo de consumo de drogas, efectivamente se necesita del apoyo de las autoridades pertinentes.  Dice que los parques son los sectores estratégicos donde pueden adecuarse áreas para que se pueda practicar Crossfit, con estructuras muy básicas, de barras estáticas por ejemplo.

            En el siglo XX en las épocas de guerra, en la antigua Unión Soviética, se optó por poner sistemas de barras en los parques, para que los civiles estén fuertes y atléticos, para el llamado a los campos de batalla, cosa que podía ocurrir en cualquier momento.  Desde entonces comienza por practicarse una modalidad de entrenamiento llamado “Street Workout” (entrenamiento callejero).  Se copió en otros países por los resultados y habilidades físicas que se adquirían.  Los parques con barras están en Rusia, Medio Oriente, España, Argentina, Colombia y en barrios populares de Estados Unidos.  Este entrenamiento de calle cumple una función social, se hacen grupos y tienen reglas.  Se alejan radicalmente de las drogas y pandillas.  Su efecto social es positivo.  Además que la misma práctica implica disciplina y cualquier claudicación, resta mucho de lo alcanzado en el entrenamiento.

Tanto para Martillo, como para Castro, por último, practicar Crossfit podría resultar efectivo por sustituir una adicción mala, por una buena: una que produce salud, por otra que mata.  En tanto, sobre el tratamiento del consumo de drogas, necesitamos sacudirnos.




 Psic. Carlos Silva Koppel

miércoles, 1 de octubre de 2014

Hamburguesa, psicoanálisis y papas fritas.

No.  Este título no corresponde al nombre de ningún posgrado, aunque muy bien podría serlo.  Es decir con una maestría así, a un psicoanalista le podría ir de maravilla trabajando en un local de comidas rápidas; al menos sí en Ecuador.  Como verán, no muchos van al psicoanalista por acá, pero sí que se llenan los restaurantes “fast-food”.  Sin embargo el psicoanálisis no se aprende en aulas universitarias, así como tampoco ahí se aprende a freír papas.  Entonces habrá que tener cuidado a qué oficio nos dedicamos por fuera de la academia.  Aunque haya que admitir que resulta más rentable laborar en restaurantes donde venden este tipo de alimentos que a ser psicoanalista; pero mejor no se dediquen a ninguna de las dos cosas.  Ahora menos con esos rumores de un nuevo impuesto a la “comida chatarra” y que siendo un poco paranoicos, todo un sistema laboral puede verse afectado.   Además son dos oficios complicados.

Por otra parte, queda claro que las personas no van al psicoanalista, pero sí a los restaurantes de “comida chatarra”; y es que el psicoanálisis no es para todo el mundo,  lo segundo sí.  Entre estas dos alternativas pueden haber tres posibles conexiones en el menú: el deseo, el dinero y los efectos, tanto de ir al psicoanalista o de comer chatarra.  Donde por ejemplo: al psicoanalista se va a hablar chatarra (la propia) y a estos restaurantes se va a comer chatarra, pero también a compartir momentos con la familia.  Estas dos elecciones no dejan de ser propias del sujeto a partir de su deseo.



El tema del dinero siempre ha sido conflictivo, pero que: permite los encuentros.  Un encuentro con el psicoanalista no puede darse sin la función que tiene la transacción del dinero (de la moneda en papel, del billete).  Pero el encuentro con el otro, también está atravesado por lo monetario.  No tachen esta postura de –burguesa-, porque sí que lo es. Y, ¿Qué no es burgués? Si hasta el mismo concepto de ciudad es burgués.  Mientras se viva en ciudad y aparezca la necesidad del encuentro con el otro, se requiere del dinero.  Más aún en una ciudad como Guayaquil, que los encuentros desde hace 20 años han sido en lugares comerciales.  Por muchos factores: falta de espacios abiertos, aumento delincuencial, calor, novelería, entro otros.  No está de más mencionar que a lo que aquí se llama “encuentro”, bien podría significar un –relacionarse con el otro-.

Recordemos el famoso “vamos al Burger de Urdesa”, o simplemente “vamos al Burger”.   Que en expresión guayaca, era lo más aniñado que podía haber.  Ahí se daban muchos encuentros.  Era un poco caro, pero asequible; eso no quiere decir que siempre se iba a consumir, a veces se iba simplemente a estar.  Las épocas cambiaron y después se decía “vamos al Mall”, y las épocas siguen cambiando y los lugares de encuentro con el otro, no dejan de estar cruzados por un aspecto comercial.  El dinero… ¡Qué tema! El dinero nos permite tomar nuestras propias decisiones y relacionarnos con el otro.

¿Qué pasaría si siguen subiendo los precios de los lugares que frecuenta la gente? Que ya de por sí están un poco caros.  Los padres llevan a sus hijos a lo mucho una vez por semana a los sitios de comida chatarra, los domingos por lo general, cuando no cocinan en casa y además si los niños se han portado bien en la escuela.  No es apresurado preguntar: ¿Qué sector de la población acude a las cadenas de restaurantes de comidas rápidas? ¿Con qué frecuencia? ¿Qué comen ahí: la ensalada césar o la hamburguesa doble carne y tocino? (Recuerden que la ensalada siempre es la más cara). La comida chatarra hace daño, pero no hay duda que en donde la venden, son lugares familiares.

Si se trata de hambre, la gente de a pie, de calle, come la fritada que está en la esquina, la salchipapa de la “Madrina” o en el “Papipollo de Niño Andrés” (donde también muchos chicos llevan a sus novias a comer).  En las cadenas de restaurantes de comida rápida se cumplen estándares internacionales de calidad; Rosa, la señora que vende empanadas en un populoso sector de la ciudad, cambia el aceite cuando tiene la oportunidad.  Pero no olvidemos que una empanada puede costar hasta 50ctvs. y son bien ricas.  Estas son comidas que bien se consumen todos los días.

Los impuestos y las alzas de los precios no disminuirán el consumo de la comida chatarra y menos las enfermedades que se quieren prevenir.  Así como ha pasado con los impuestos a los cigarrillos, la gente sigue fumando igual, pero gastando más.  Asimismo ¿De qué salud se habla cuando se piensa ponerle impuestos a las cosas? Aquello también enferma, produce dolor de cabeza, gastritis, estrés y cáncer. Si hay impuestos, se seguirá consumiendo igual o hasta en mayores cantidades.  Eso quiere decir que habrá muchas recaudaciones.

Un impuesto es una vía punitiva, y la historia nos ha enseñado que ese es el camino al fracaso social.  La educación alimentaria puede ser una alternativa, pero: ¿El semáforo en los empaques de las comidas? ¿Rojo, amarillo o verde? Se está reforzando una sociedad de idiotas.  La composición de los alimentos es mucho más compleja que tres colores o las tres categorías nutricionales que se exponen en los empaques: grasas, sal y azúcar.  Es decir, se está educando a la sociedad para ser simplista y conformista.  ¿Desde qué estándares o dietas se hacen estas regulaciones? Porque por ejemplo, habrá dietas que proponen un libre consumo de grasas u otras de alta ingesta de carbohidratos.  Los alimentos contienen toda una tabla nutricional compleja. Así no se está educando, sino, chatarrizando criterios.

Los efectos de ingerir alimentos “chatarra” son nocivos para la salud del individuo.  Los efectos de asistir al psicoanalista, conllevan al sujeto a reelaborarse psíquicamente, a reinventarse, descargar la chatarra cultural y puede ser nocivo para los dispositivos de control.  En cualquiera de los dos casos, poder discernir y decidir por sí mismo es lo que importa.  Solo que decidir hoy en día está un poco más caro, nada más. 




Carlos Silva Koppel


Psicólogo.